Juan Carlos Balderas Gamarra*
Sucre, la actual capital de la república fue por historia y convencimiento un espacio de solaz esparcimiento, descanso y tranquilidad plena, incluso más allá de los endémicos avatares políticos que ponían permanentemente en jaque a todas las estructuras socio políticas de éste país. En consonancia con este clima, el chuquisaqueño clase media y también, porque no los señores y señoritos de la burguesía chuquisaqueña (si es que alguna vez la hubo) eran “gente de bien, buenos sentimientos y trato refinado para con todos, incluidos los “indios que les cuidaban sus pobres y escuálidas propiedades”, pero propiedades al fin. Era permanente y hasta permitido observar toda una serie de alianzas y complicidades que se daban entre peones, indios e indias y “los niños y niñas” hijos e hijas del patrón; complicidades en todos los campos del acontecer humano.El paternalismo como forma y modelo de relación entre los pobres indios y los menos pobres hacendados y patrones (Chuquisaca en general y Sucre particularmente, nunca fueron un terreno fértil para la vida y las costumbres de oligarcas) y que se recuerde en la historia, los títulos nobiliarios y hacendatarios de los tantos y tantos duques y condes que aparecieron de la noche a la mañana ela ufana ciudad de Sucre, fueron resultado de pequeñas transacciones económicas realizadas entre miembros de algún ilustre antepasado, por lo general empobrecido, con algún “ilustre villano” pletórico de ingenio y picardía criolla de aquellos que en la historia chuquisaqueña llenaron a la sociedad de elementos cómicos y nunca o casi nunca de antecedentes de barbarie y abuso como los que acabamos de ver en los tristes y vergonzantes hechos del 24 de mayo.
Con todas sus costumbres, relaciones e intercambios de toda índole la sucrense fue y es una de las sociedades mas mestizadas existentes en el país a pesar y más allá de los complejos de pertenencia hispánica y afrancesada de quienes nacimos y vivimos allá.
Cuales entonces los elementos que empiezan a emerger y sustentar las actuales conductas agresivas de los sucrenses en contra de quienes o con quienes “los capitalinos “ tuvimos siempre una relación, evidentemente colonial, pero matizada por el paternalismo que permitía una cierta armonía en la vida cotidiana, trataremos de establecer algunas hipótesis que explican el fenómeno, pero, vale la pena aclarar jamás la justifican.
Hipótesis 1: La emergencia política e ideológica de Felipe Quispe, Evo Morales y otros líderes indígenas, inicialmente desde el modelo de la organización sindical campesina; origina un sentimiento y una autoestima positiva en todos o casi todos los sectores indígenas nacionales, desde el altiplano hasta las tierras bajas y a partir de aquello la equivalencia socio cultural y política es uno de los elementos que sustenta la necesidad de relaciones interculturales en la vida nacional.
Este sentimiento y la vivencia de la equivalencia cultural, socio política y económica que emerge en los sectores indígenas, elimina una de las caras del racismo, el paternalismo con el que históricamente “los niños y niñas o el joven y la señorita” trataron a los pongos, los indios y la servidumbre de la casa, pero que sin embargo y a pesar de los “gestos de bondad” fue, agresiva, violenta y abusiva de éste fenómeno que vale la pena mencionarlo no es inherente y característica única y exclusivamente de los chuquisaqueños urbanos, tanto de la capital como de las provincias, sino que es una de los elementos heredados de la Colonia y que se convierte en sello de marca de toda la sociedad nacional mestiza y blancoide que habita y gobierna nuestro país.
Hipótesis 2: La “revolución cultural” que actualmente vivimos con los cambios más positivos que negativos (haciendo un balance del actual gobierno), al ser precisamente eso, una revolución paulatina, pero sobre todo “Cultural” obvía y oculta un problema de fondo, es el problema de la lucha de clases , la misma que mediante las diferencias culturales, tipológicas y antropométricas, oculta no solamente las contradicciones clasitas que son son el motor principal de la violencia expresada en Sucre y otras capitales (Cochabamba, santa Cruz, etc ) sino la pérdida sostenida de beneficios de clase de los empresarios y los dueños de los medios de producción, quienes a lo largo de la historia se han beneficiado con la plus valia producida por el trabajo de los pobres y los obreros quienes y no es casual, son originarios de las culturas nativas y tienen apellidos correspondientes a las mismas como los Quispe, los Mamani, los Choque, los Condori, etc.
Lógicamente la invasión colonial de 1492, ya generó una sociedad clasista, discriminadora y marginalizante, la misma que perdura hasta nuestros días. El problema radica que la “revolución Cultural” al obviar el problema clasista y resaltar el tema cultural, margina y segrega a las clases medias, las mismas que también sufren las consecuencias y efectos devastadores de un capitalismo inmisericorde y dramáticamente anti humano, lo cual constituye un caldo de cultivo para que ellas sean utilizadas por grupos de poder ligados al capital y a los intereses de clase y manifiesten contradicciones violentas contra los detentores de una supuesta titularidad de la “revolución cultural” y de esa manera se desarrollen enfrentamientos violentos y fratricidas entre pobres, con una argumentación racista que repito, en el fondo son las expresiones a través de las cuales se manifiesta la “lucha de clases”.
Hipótesis 3.- El reconocimientos de que los grupos dominantes capitalinos poseen los mismos rasgos físicos, antropológicos, antropométricos, socio culturales e identatarios que los miembros hombres y mujeres de las culturas históricamente subordinadas, marginadas y discriminadas; y que por tanto las diferencias son fundamentalmente de órden económico y de ubicación en la escala jerarquizada de la economía, sumado al hecho de que la anterior clase subordinada o por lo menos parte de ella está ahora usufructuando y compitiendo con ella por el poder o lo manos parte de él ; ha causado en las clases medias nacionales, principalmente en aquellas que han hecho “de lo señorial” un elemento de culto y valor trascendente, un verdadero pánico psicológico, “horror, somos iguales”, nuestra única diferencia estriba en cuanto tenemos; venimos de los mismo solo nos diferencia a donde vamos. Hay en este sentimiento una especie de figura Freudiana de “dar muerte el padre” solo porque él expresa aquello que detestamos de nosotros mismos: lo que esencialmente somos.
Y es que este país es uno de multiplicidades juntadas, todos somos chicha y limonada; somos de un cholaje que nos produce miedos, angustias, temores y amenazas, sentimientos remotos en los más recónditos escondrijos de nuestras mentes, castigamos a nuestros similares o a nuestros iguales porque ellos nos conducen a negar nuestro afrancesado europeísmo o nuestras “afirmadas y propagandizadas” raíces hispanas y porque nos están mostrando que nuestra verdadera Madre, es la Pacha mama y no la “añorada madre patria”.
Los Chuquisaqueños nos han mostrado con saña, soberbia, abuso y facismo hasta donde puede conducirnos la irracionalidad y la demencia de considerarnos “señoritos bien” y renunciar y despreciar este hermoso linaje cholo que debiera enorgullecernos al provenir de culturas de resistencia y persistencia como son las nuestras, las originarias.
Más allá de cualquier consideración o teorización que trate de explicar lo acontecido en Chuquisaca, la culta Charcas, Sucre, como chuquisaqueño proclamo la necesidad de que luchemos por eliminar, penalizar y desterrar el racismo, la discriminación y el oprobio vengan de donde vengan.
Propongo, desde la sociedad civil y de la clase media de la que soy miembro un a acción de reivindicación de los derechos de nuestros hermanos indígenas y una drástica movilización en contra del racismo y la xenofobia en el país de los diversos culturalmente hablando pero similares y equivalente por origen y por historia.
*Chuquisaqueño de sepa, amante de Sucre y que añora la ciudad de La Paz y el amor.
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